Vol. 41 No. 5 (2024): Octubre
Microscope of Art and Culture

La estatua ignorada del Escriba Sentado

Walter Ledermann Dehnhardt
Centro de Estudios Humanistas Julio Prado.

Published 2024-11-04

How to Cite

1.
Ledermann Dehnhardt W. La estatua ignorada del Escriba Sentado. Rev. Chilena. Infectol. [Internet]. 2024 Nov. 4 [cited 2026 Feb. 13];41(5). Available from: https://revinf.cl/index.php/revinf/article/view/2291

Abstract

Si se hiciera en nuestro medio una encuesta en un grupo de gente educada preguntando por las tres estatuas más bellas de la Antigüedad muchos recordarían las griegas, que conocemos por copias made in Roma, siendo la más nombrada la Venus de Milo en el Louvre; unos pocos aventurarían el Discóbolo, en el British Museum, y alguno insinuaría Laooconte y sus hijos, en el Vaticano. De Roma Antigua dudamos que recordaran alguna y, en cuanto a Babilonia, son gigantescas y harto feas, pero vayamos a Egipto y tendremos una sorpresa (no, no hablamos de la monstruosa Esfinge).

      Pocas estatuas más bellas y enigmáticas se conservan del pasado que el “Escriba sentado”, encontrada en Saqqara por el francés Auguste Mariette en 1850, quien con la mayor frescura se la llevó a su país, donde se exhibe ahora en el Louvre. No es monumental, apenas mide 53 centímetros de alto, pero se encuentra maravillosamente bien conservada para ser de piedra caliza y no metálica, de piedra o de mármol, y con sus cuatro mil años de antigüedad conserva perfectos todos sus colores originales. Representa a un escriba egipcio listo para escribir, aunque le falta el cálamo de junco que usaba en vida; está sentado con las piernas cruzadas, sobre las cuales sostiene un papiro y viste sólo un taparrabos. Sus ojos están tallados en cristal de roca, cuarzo blanco y ébano; su expresión es muy atenta y su mirada es viva; resaltan los pómulos marcados y las mejillas, en tanto que las manos han sido realizadas con mucho esmero. Permanece en espera del dictado, mirándonos; los pliegues en el vientre le confieren más realismo.